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QUÉ BUEN NEGOCIO SERÍA…

Cualquier persona que se haya propuesto montar un negocio, sabe que no es tarea fácil.

Primero, hay que dar con la idea: original, innovadora y realizable. Luego, darle forma, normalmente, elaborando un plan de negocio. Y aquí, el trabajo se acumula: analizar el mercado, identificar a la competencia, localizar a los proveedores, conocer las necesidades de los clientes, concretar la oferta de productos y servicios, decidir la ubicación del negocio… diseñar un efectivo marketing mix (las famosas 4P: producto, precio, publicidad y punto de venta), una adecuada estructura de recursos humanos (puestos, funciones, perfiles, remuneración), un buen plan financiero (estructura de recursos propios y ajenos, inversión, cuenta de resultado previsional, previsiones de tesorería) y cumplir la normativa vigente, tanto laboral, como fiscal, medioambiental, etc. Una tarea de titanes, sin duda, y además sin experiencia previa que nos permita afinar el proyecto.

Frente al cúmulo de incertidumbres que se plantean (¿funcionará la idea? ¿cuál será mi marca? ¿cuánto venderé el primer año?...) y donde echamos de menos contar con una bola de cristal que nos dé las respuestas, la franquicia aporta una enorme seguridad al emprendedor y le facilita pasar del recurrente qué buen negocio sería … a qué buen negocio es.

De entrada, porque la franquicia es una realidad y no una mera idea. Los negocios franquiciados son reales, están implantados en el mercado, funcionan y son “tangibles”.

Por otra parte, gozan de años de experiencia en el mercado, lo que evita al emprendedor que cometa los errores propios del inicio de cualquier actividad, errores que cuestan tiempo y dinero y que, muchas veces, llevan al fracaso. La experiencia del franquiciador se concreta en el know how o saber hacer, que no es más que el conjunto de conocimientos prácticos referidos a los principales aspectos del negocio (imagen corporativa, gestión comercial, aspectos operativos, etc.) y que se transmite a través de los manuales de franquicia y de la formación durante toda la vida del negocio, facilitando al emprendedor el inicio de su actividad.

Puesto en marcha el negocio, el franquiciado se beneficia de otras ventajas inalcanzables para el empresario individual, máxime en una economía globalizada como la que vivimos: una marca conocida en el mercado, una economía de escalas que se concreta en las compras conjuntas de la cadena y se traduce en mejores márgenes para el negocio, la publicidad de la red que le permite acceder a medios o participar en campañas inabordables individualmente, sistemas informáticos de gestión diseñados de forma específica para su negocio y así un largo etcétera.

En Franquishop, conscientes de las dificultades de los emprendedores, aunamos ideas en franquicia, asesoramiento y financiación en nuestro portal de franquicias rentables y ferias de franquicias, herramientas esenciales para que nadie tenga que volver a decir qué buen negocio sería…

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